Platicas Cuaresmales 2010 - Tema I: “Palabra de reconciliación y conversión” PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Dimensión Diocesana de Pastroral de la Catequesis   
Viernes, 05 de Marzo de 2010 17:15

Objetivo: Suscitar que los participantes  reconozcan y tengan la experiencia del abrazo reconciliador de Dios Padre manifestado en su Hijo Jesucristo, la Palabra hecha carne, para vivir en actitud permanente de conversión.

Material:
 Título del tema en un papelógrafo.
 Biblia.
 Cesto con semillas.
 Imagen de Jesús.
 Sobres con un rompecabezas de un corazón.
 Plumones.
 Cinta adhesiva.
 Canasta con flores.
 CD con el canto “Si conocieras como te amo”.
 Copias o papelógrafos con la oración y el canto.
 
Bienvenida y ubicación:
 Hermanos, nos sentimos agradecidos con Dios porque nos permite iniciar estas REFLEXIONES CUARESMALES en nuestra Parroquia. No dudamos que Dios Padre nos hablará al corazón durante estos días, y que a la vez estaremos atentos a captar su mensaje de amor y de salvación.

En esta primera reunión tomaremos conciencia de que cada uno de nosotros que formamos la Iglesia, hemos sido reconciliados por la Palabra que es Jesucristo, y a la vez somos llamados a ofrecer a nuestros hermanos un espacio de reconciliación, misericordia y perdón.

Es importante que reflexionemos en que nosotros los cristianos en estos tiempos actuales de conflicto, debemos dar ejemplo de reconciliación buscando construir una sociedad justa y pacífica.
 
Canto: “Si conocieras como te amo”
 
Si conocieras como te amo, (2)
Dejarías de vivir sin amor
Si conocieras como te amo (2)
Dejarías de mendigar cualquier amor.
Si conocieras como te amo,
Como te amo, serías más feliz.
 
Si conocieras como te busco, (2)
dejarías que te alcanzara mi voz,
si conocieras como te busco (2)
dejarías que te hablara al corazón,
si conocieras, como te busco,
como te busco, escucharías más mi voz.
 
Si conocieras como te sueño (2)
me preguntarías lo que espero de ti,
si conocieras como  te sueño (2)
buscarías lo que he pensado para ti.
Si conocieras como te sueño, como te sueño
Pensarías más en mí.
      Hna. Glenda
 
Oración:
Símbolo: Colocar al  frente un cesto con semillas. El perdón es como un renacer, como un brotar nueva vida. Estas semillas nos anuncian que algo nuevo tiene que nacer en nosotros y entre nosotros como signo y expresión del perdón, el amor y bondad de Dios para con nosotros.

 Todos decimos la siguiente oración:
Padre, he fallado, he obrado a mi antojo,
a veces a costa de mi hermano o de mi hermana.
No les he sabido amar como él o ella necesitan.
Estoy pobre de amigos, pobre de mí mismo, pobre de Ti.
 
Tú estás de parte de los débiles, estás con los pobres, estás de mi parte.
Mis manos pecadoras se elevan a Ti, y suplicantes quieren acoger tu perdón,
que me hace reencontrar la paz contigo,
la alegría conmigo mismo, la amistad con los hermanos.
 
Tú derramas tu gozo sobre todos lo que te acogen,
puedes sanar a quien se siente solo, salvas a quien camina buscándote.
Me dices que la verdadera pobreza no es el pecado, ni la angustia, ni el dolor,
sino la falta de amor.
 
Me has hecho para amar, no quieres que ame poco, quieres que ame mucho. Te pido perdón por ser pobre de amor,
siendo así que precisamente el amor es la señal de que Tú estás conmigo.
 
Tu bien sabes lo que necesito: La fuerza de una profunda amistad contigo,
la debilidad de un profundo amor parar los hermanos. Amén.
 

Lectura de la Palabra

“Yo sanaré su infidelidad, los amaré con todo el corazón pues ya no estoy enojado con ellos” (Os 14,5).
“Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene,  ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le ha perdido hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga muy feliz sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido” (Lc 15, 4-6).
 

Que nos dice la Iglesia
1.- Es necesario un reconciliador.
a) El Papa Benedicto XVI realiza una reflexión en forma de preguntas que nos ayudan  a tomar conciencia de la real importancia que tiene el Señor Jesús en nuestras vidas:
 “¿Tiene todavía valor y sentido un "Salvador" para el hombre del tercer milenio?
 ¿Es aún necesario un "Salvador" para el hombre que ha alcanzado la Luna y Marte, y se dispone a conquistar el universo; para el hombre que investiga sin límites los secretos de la naturaleza y logra descifrar hasta los fascinantes códigos del ser humano?
 ¿Necesita un Salvador el hombre que ha inventado la comunicación interactiva, que navega en el océano virtual de internet y que, gracias a las más modernas y avanzadas tecnologías mediáticas, ha convertido la tierra, esta gran casa común, en una pequeña aldea global?
Este hombre del siglo veintiuno, artífice autosuficiente y seguro de la propia suerte, se presenta como productor entusiasta de éxitos indiscutibles.
Sin duda, todos nosotros responderemos: el mundo y cada uno de nosotros SÍ necesita de un Salvador, un Reconciliador. Y no nos contentamos con cualquier salvador porque ya hemos conocido por medio de nuestra fe la grandiosidad de lo que significa la venida de Dios a la tierra, el hacerse verdadero hombre sin dejar de ser verdadero Dios.
b).- El Catecismo de la Iglesia Católica en los números 456- 460 nos resume los motivos por los que Dios se hizo hombre: Para «salvarnos reconciliándonos con Dios», para que «nosotros conociésemos así el amor de Dios» que no se limita a crearnos, sino que viene para reconciliarnos con Él; «Para ser nuestro modelo de santidad», pues se hizo Hombre, igual en todo a nosotros, menos en el pecado, para que siguiéndolo vivamos en plenitud su vida.

2-. La reconciliación es don del Padre.

Sólo el Padre puede realizar la reconciliación. Es, ante todo, una llamada que viene de lo alto.
Jesús nos explica en la parábola del Padre misericordioso (cf. Lc 15, 11-32);  para Él perdonar y reconciliar es una fiesta. El Padre, en ese pasaje evangélico, como en otros muchos, no sólo ofrece perdón y reconciliación; también muestra que esos dones son fuente de alegría para todos.

En el Nuevo Testamento es significativo el vínculo que existe entre la paternidad divina y la gran alegría del banquete. Se compara el Reino de Dios a un banquete donde el que invita es precisamente el Padre (cf. Mt 8, 11; 22, 4; 26, 29). La culminación de toda la historia salvífica se expresa así mismo con la imagen del banquete preparado por Dios Padre para las bodas del Cordero (cf. Ap 19, 6-9).

3. En Cristo se concentra la reconciliación que procede del Padre.

Jesucristo no sólo es el Reconciliador, sino también la Reconciliación. Precisamente por el misterio de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo se supera el drama de la división que existía entre el hombre y Dios.
En efecto, con la Pascua, el misterio de la misericordia infinita del Padre penetra en las raíces más oscuras de la iniquidad del ser humano. Allí tiene lugar un movimiento de gracia que, si se acoge libremente, lleva a gustar la dulzura de una plena reconciliación.
4.- Acogida en libertad.

El don de la reconciliación, en su doble dimensión: liberación del pecado y comunión con Dios-Amor debe ser acogido por cada uno de nosotros, cooperando activamente, desde nuestra propia libertad, con la gracia, infundida en nuestros corazones por el Espíritu. Nos toca trabajar a tiempo y a destiempo por nuestra conversión que consiste en configurarnos con el Señor, hacer vida su misterio pascual en nuestras existencias.

5.- La conversión.

La conversión al Señor, nuestro Dios, nos otorga la salvación y la vida. 

 La conversión es necesaria para entrar en el Reino. Juan Bautista y Jesucristo predican diciendo: «conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca» (Mt 3, 2; Lc 13, 1-5). «Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos» (Mt 5, 19).

 La conversión es, ante todo, obra de Dios y de su gracia.  Pero requiere la aceptación y colaboración de la persona. «Hazme volver y volveré, pues tú Yahvé, eres mi Dios» (Jer 31, 18). «Nadie puede venir a mí, si el Padre no lo atrae» (Jn 6, 44).

 La conversión es saneamiento y transformación del interior. Pero se proyecta en actos concretos (virtuosos, edificantes y meritorios). «Yo pondré mi Ley en el fondo de su ser, y la escribiré en su corazón» (Jer 31, 33). Decía Juan Bautista: «den, pues, fruto digno de conversión, y no crean que basta con decir en su interior tenemos por Padre a Abraham» (Mt 3, 7, 9).

La condición del convertido al Evangelio requiere de sí mismo autoestima, esfuerzo y vigilancia, para permanecer siempre en la dignidad de Hombre Nuevo e hijo de la luz, comprometido en la transformación social del mundo con los criterios del Evangelio. «No vivan ya como viven los gentiles, excluidos de la vida de Dios. Revístanse del Hombre Nuevo, creado según Dios en la justicia, la verdad y santidad. Ahora, ustedes son Luz; vivan como hijos de la luz» (Ef 4, 17-5,11).

Veamos nuestra realidad:

Ya en el  sermón de la montaña Jesús insiste en la conversión del corazón: La reconciliación con el hermano antes de presentar una ofrenda sobre el altar (Mt 5, 23-24); el amor a los enemigos y la oración por los perseguidores (Mt 5, 44-45); perdonar desde el fondo del corazón (Mt 6, 14-15); en otras palabras es la pureza del corazón y la búsqueda del Reino (Mt 6, 21.25.33).
• ¿Cómo te sientes al romper relaciones de amistad con tus seres queridos?
• ¿Qué sentimientos percibes en ti cuando das cabida en tu corazón al pecado?
• ¿Qué actitudes percibes en los grupos parroquiales? ¿Consideras que su meta es vivir la unidad?
• ¿Generalmente cómo son las relaciones que se dan en el ambiente familiar, grupal y apostólico?

«El mundo exige y espera de nosotros sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos, obediencia y humildad, desapego de sí mismos y renuncia. Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo» (EN 76).

  Celebramos nuestra Fe.

En el catecismo de la Iglesia Católica leemos: “El perdón da testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado. El perdón es la condición fundamental de la reconciliación (2 Cor 5,18-21) de los hijos de Dios con su Padre y de los hombres entre sí”.
 Repartir a cada participante un sobre con un rompecabezas de un corazón.
 Invitarlos a que en el reverso de cada trozo de papel, anoten las actitudes que impiden una relación adecuada con Dios y con los hermanos.
 Al terminar, se les pide que contemplen el corazón del rompecabezas que está fraccionado. ¿Qué experimentan?
Decimos juntos las siguientes peticiones de perdón:
Lector:  Bendito seas, Señor, porque has abierto el Reino de los cielos a los que saben que son pobres.
Todos:  Perdona nuestro apego a las cosas materiales, por habernos desentendido de nuestros hermanos, buscando proteger nuestras propiedades.
Lector:  Bendito seas, Señor, por haber prometido la tierra en heredad a los mansos de corazón.
Todos:  Perdona nuestros arrebatos, brusquedades, impaciencias ante los obstáculos, nuestras incomprensiones con los que piensan diferente a nosotros.
Lector:  Bendito seas, Señor, por haber traído la consolación a los afligidos.
Todos:  Perdónanos por no haber acompañado a los que, junto a nosotros, estaban tristes, apenados y sin ánimo.
Lector:  Bendito seas, Señor; por haber saciado a los que tienen hambre y  sed de justicia.
Todos:  Perdónanos por nuestra indiferencia, y por haber juzgado a la ligera a aquellos que se arriesgan por causa de la justicia.
Lector:  Bendito seas, Señor por tu mirada de amor y misericordia sobre cada uno de nosotros.
Todos:  Perdona nuestros rencores, nuestras venganzas y falta de perdón.
Lector:  Bendito seas, Señor, por haber creado esta tierra, este mundo, que es la casa de todos, y por haberte revelado a través de ella.
Todos.  Perdónanos por haber usado y abusado de esta tierra sin pensar en las generaciones futuras.

 Invitarlos a reflexionar cómo vamos a acoger la reconciliación que Dios nos ofrece. Y anotarlo en los trozos de papel en la  parte del frente.

 Finalmente, poco a poco van  uniendo las partes del corazón; ahora ya no está fragmentado, sino que es un corazón sanado, unido y fortalecido. Sintiéndose profundamente  amados y reconciliados con Dios, con los hermanos y consigo mismos.

 Elevar el corazón que armamos; dirigir a Dios la siguiente oración de acción de gracias. (Símbolo: Se presenta un canasto con flores).
Todos:  Te damos gracias Señor, por la mujer y el hombre nuevo que bulle en nosotros, por la fuerza del bien que nos empuja hacia el futuro.
Lector:  Que nuestra acción de gracias se traduzca en un estilo de vida.  Señor, que nosotros, donde haya odio
Todos:  Pongamos amor.
Lector:  Donde haya envidia
Todos:  pongamos generosidad.
Lector:  Donde haya ofensa.
Todos: Pongamos perdón.
Lector: Donde haya discordia.
Todos: Pongamos unión.
Lector:  Donde haya error.
Todos:  Pongamos fe.
Lector: Donde haya desesperación.
Todos:  Pongamos esperanza.
Lector: Donde haya tristeza
Todos: Pongamos alegría
Lector:  Padre bueno, concédenos no buscar:
Todos:  Ser consolados, como consolar, ser comprendidos, como comprender, ser amados, como amar.

Bendición y despedida.
Lector:  Que el Señor nos dé la fuerza de amarnos y perdonarnos siempre, siguiendo su ejemplo.
Todos:  Amén
Lector:  Que derrame su gracia sobre nosotros, para que sepamos comprender y ayudar a los demás.
Todos:  Amén
Lector:  Hermanos, hemos sido renovados, caminemos en novedad de Vida. Bendigamos al Señor.
Todos:  Demos gracias a Dios.

Bibliografía.

  Movimiento por un Mundo Mejor,  Servicio de Animación Misionera:
    hacia  una comunidad orante.
  Catecismo de la Iglesia Católica. Coeditores Católicos de México. Nueva edición, conforme al texto latino oficial.
  Exhortación apostólica “Evangeli Nuntiandi” “Evangelización en el mundo
     Moderno, Pablo VI.

 

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