Pláticas Cuaresmales 2010 - Tema II: "Palabra de Dios y lectura orante” PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Dimensión Diocesana de Pastroral de la Catequesis   
Viernes, 05 de Marzo de 2010 17:22

Objetivo: Hacer surgir en los interlocutores la necesidad de encontrarse con la Palabra diariamente, para que su vida se guíe por el querer de Dios.

Material:
 El título del tema en un papelógrafo.
 Lo necesario para solemnizar la Palabra de Dios. (Biblia, ambón o mesa, estolón o mantel, velas y flores).
 El canto y la oración escrito en un papelógrafo o en copias.
 Una vela por participante.
 Cerillos o encendedor.
 Un dibujo de una Biblia abierta para cada participante.
 Grabadora.
 Cd de música instrumental.


Bienvenida y ubicación
En este día agradecemos al Dueño de la vida que nos permite congregarnos en su nombre, damos la bienvenida a quienes se integran hoy al grupo de reflexión y los invitamos a perseverar.
Ayer el Señor, a través de su Palabra, habló a nuestro corazón y nos invitó a vivir en su paz, si es que queremos asumir el riesgo de vivir en constante conversión  y reconciliación con Él mismo, con nosotros mismos, los hermanos y la creación. Hoy nos invita a una nueva aventura en el amor, en el encuentro más gozoso que se da a través de conocerlo en su Palabra.


Canto:  ”Escuchar tu Palabra”
Escuchar tu palabra,
es inicio de fe en ti, Señor.
Meditar tu Palabra,
es captar tu mensaje de amor.
Proclamar tu Palabra, Señor,
es estar embebido de ti.
Proclamar tu Palabra, Señor,
es ya dar testimonio de ti, mi Dios. (2)

Oración:   “Entronización de la Biblia”
La palabra entronizar significa colocar a alguien en el trono, hacerlo rey, ensalzar a alguien, colocarlo en una dignidad superior. Y  con éste mismo sentido los invitamos a entronizar la Sagrada Escritura. Al entronizar la Biblia nos preparamos tanto externa como internamente, por la acción del Espíritu Santo, para recibir el alimento de la Palabra de Dios, especialmente en este tiempo de cuaresma.

 Se prepara un altar digno dispuesto a recibir la Sagrada Escritura.
 Se le entrega a cada participante una vela encendida.
 Se motiva a los participantes a guardar silencio interior y entregarle al Señor todas sus preocupaciones. Dejar que Él nos llene de su paz y amor; y que nos permita anhelar estar en su presencia, escuchar su Palabra y al igual que Moisés “sacar las sandalias de los pies” (Ex 3, 5),  y hay que sacar de nuestro ser todo lo que nos impida vivenciar este momento.
 Se entona el canto “Escuchar tu Palabra” mientras alguien entra de manera solemne con la Sagrada Escritura en alto y la coloca en el altar.
 Todos acogemos la Palabra diciendo la siguiente oración:

Dios nuestro, Padre de la Luz.
Tú has enviado al mundo tu Palabra,
Sabiduría que sale de tu boca y que ha reinado
sobre todos los pueblos de la tierra.
Tú has querido que ella haga su morada en Israel
y que a través de Moisés, los Profetas y los Salmos manifieste tu voluntad,
y hable a tu pueblo de Jesús el Mesías esperado.
Tú has querido que tu propio Hijo, Palabra eterna que procede de Ti se hiciera carne y plantara su tienda en medio de nosotros.
Él fue concebido por obra del Espíritu Santo
y nacido de la Virgen María.
Envía ahora tu Espíritu sobre nosotros:
El nos dé un corazón oyente, nos permita encontrarte en tus Santas Escrituras y engendre tu Verbo en nosotros.
El Espíritu santo levante el velo de nuestros ojos, nos conduzca a  la verdad completa, y nos de inteligencia y perseverancia.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor,
Quien sea bendito y alabado por los siglos de los siglos. Amén


Lectura de la Palabra. y del Magisterio de la Iglesia

“Escuchen con docilidad la Palabra que, plantada en ustedes, tiene poder para salvarlos. Pongan, pues, en práctica la Palabra y no se contenten con oírla engañándose a ustedes mismos. Pues el que la oye y no la cumple se parece al hombre que contempla su rostro en un espejo y después de haberse mirado, se va, olvidándose en seguida de cómo era. En cambio dichoso el hombre que se dedica a meditar la ley perfecta de la libertad; y no se contenta con oírla, para luego olvidarla, sino que la pone en práctica” (Stgo 1, 21b-25).

“La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La santa madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales han sido confiados a la Iglesia.” (DV 11).


Que nos dice la Iglesia
La Iglesia nos está invitando a volver a las fuentes de nuestra fe y por excelencia una de ellas es la Palabra de Dios; si hasta hoy aún no lo hemos realizado, recordemos lo que la liturgia del miércoles de ceniza nos decía: “vuelvan a mí de todo corazón” (Jl 2, 12). Vivamos este tiempo cuaresmal volviendo a Dios, adentrándonos en la lectura orante de la Palabra.
Por lo tanto, es necesario  recorrer un camino que tiene como inicio, como salida, la lectura del texto bíblico y como llegada la comprensión del mensaje divino, a su aceptación de corazón y al compromiso de construir el Reino de Dios. Se lee la Sagrada Escritura para comprender lo que Dios quiso revelarnos de Él, de nosotros y del mundo, para orarla y poner en práctica su enseñanza y así llegar a la meta.
Cualquier camino que recorramos tiene sus características propias: ancho, angosto, corto, largo… pero un buen caminante sabrá librar cualquier obstáculo. De la misma manera la lectura orante de la Palabra, no basta leerla para comprenderla y aceptarla en el corazón; ya que nos puede ocurrir como nos narra el Apóstol Santiago  en su carta: que al igual que se desvanece nuestra imagen en el espejo, de la misma forma pasa si no oramos la Palabra, porque solo la leemos y rápidamente la olvidamos.
Para recorrer este camino de la lectura orante de la Palabra, es necesario seguir los pasos que la Iglesia nos enseña en la Constitución Dei Verbum, los cuales ya hemos escuchado pero, qué vamos a reflexionar y profundizar porque estos tres elementos principales hacen de la Palabra “Fuerza de Dios para la salvación del que cree” (DV 17; Rom 8, 16).


1. La Palabra de Dios escrita.
Cuando nos comunicamos con alguien, la palabra es medio de comunión y amor, ya que por ella salimos de nosotros mismos y ofrecemos nuestro ser al amigo que nos escucha.
Así también el Padre se revela y sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y lo hace “por medio de hombres y en lenguaje humano” (DV 12), es decir, acoge la palabra para revelarnos su intimidad y su querer. Pero Dios hace personal su obra y nos envía a su Hijo Jesús, Palabra eterna, como Palabra hecha carne para que habitara entre nosotros y nos hablara de su Padre, de su amor y de su proyecto de salvación a favor nuestro (Jn 1, 14; Heb 1, 1-2). El Padre se ofrece en amistad mediante su Verbo eterno, Jesucristo, y quien lo escuche con fe y conversión tendrá vida eterna (Jn 20, 30-31).
Cuando leemos interpretando correctamente la Palabra, descubriendo el sentido genuino de las palabras y obras de Jesús de Nazareth que los autores bíblicos escribieron utilizando el lenguaje y cultura del siglo I (Lc 1, 1-4), tenemos acceso a la intimidad de Jesucristo y por Él conocemos la intimidad y la voluntad del Padre.

2. Por inspiración del Espíritu Santo.
El hombre puede usar la palabra con falsedad, como máscara, con malicia… pero Dios nunca faltará a su Palabra.
Dios nunca miente acerca de Él mismo ni de lo que quiere para nosotros. Los autores de la Biblia y sus palabras, que Dios suscita y nos ofrece para conocerlo, están asistidos por el Espíritu Santo, quedando así escrito el mensaje divino que nos lleva a la comunión con Dios y a la participación de su vida (DV 6 y 11). La Palabra ha sido inspirada por el Espíritu Santo, para que conozcamos la verdad acerca de Dios y obtengamos la vida que él nos ofrece por su Hijo Jesús.

 La Biblia por ser Palabra inspirada por el Espíritu Santo: es viva y eficaz como agua que cae en la tierra y la hace germinar (Is 55, 10-11).
 Es Palabra “mas cortante que una espada de dos filos” que penetra hasta lo más profundo del ser, ayudando al creyente a discernir sus pensamientos y las intenciones de su corazón (Heb 4, 12-13).
 Es Palabra que contiene promesas que siempre se cumplen, ofrece un consuelo que realmente alivia… y también correcciones que cuestionan la vida y exigen cambios radicales (Ap 3, 19; 1 Cor 11, 32).

Dios sale de sí mismo y se nos ofrece en diálogo. Cuando aceptamos meditando  y orando la Palabra, entramos en comunión con el Señor; quien nos inspira una respuesta filial a Dios (DV 25).

3. Confiada a la Iglesia para la salvación de todos.
La Biblia no pasa ni envejece. Es Palabra de Dios y Dios es atrayente y novedoso, no se agota, es noticia permanente y actual; es Él quien nos ofrece hoy su Palabra animándonos y conduciendo la vida de la Iglesia enviada a anunciar el Reino de Dios a todos los confines de la tierra.
Al encontrarnos con la Palabra viva de Dios nos encontramos con la “fuerza de Dios para la salvación del que cree” (DV 17), entramos en comunión con el Padre que ofrece en plenitud la vida y la redención de su Hijo, su mayor riqueza, así como nos lo da a conocer en la parábola del padre amoroso donde lleno de compasión sale al encuentro de nuestra vida, dándonos la oportunidad de la conversión para celebrar la fiesta de la reconciliación y la vida (Lc 15, 11, 32).
Los grupos donde se lee la Palabra de Dios en actitud de oración y conversión son un espacio de espiritualidad bíblica y un servicio eclesial que se fundamenta en la identidad de la Sagrada Escritura y en su función en la vida de la Iglesia y del mundo.


Modelos de escucha de la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios debe ser escuchada. En el Nuevo Testamento encontramos modelos de escucha, hoy nos fijaremos en tres y en algunas de sus actitudes.

a. La Palabra que hace Discípulos: María de Betania (Lc 10, 39).
Los verdaderos discípulos se sientan a los pies de su maestro, aceptándolo como el Mesías de Dios; quien no se sienta a los pies de Jesús pone en riesgo  su identidad de discípulo al no escuchar al Señor.
María representa al discípulo que, desde la novedad de Jesucristo y del Reino, interpreta la ley de Moisés: lo importante es escuchar al Mesías que da cumplimiento a la voluntad de Dios revelada en la antigua alianza.
María, escapa a la lógica de las cosas y acoge la lógica de Dios: se da tiempo para sentarse a los pies de Jesús y escuchar al Hijo amado del Padre; se afana por alimentarse  del Maestro sentada a sus pies.
Lo característico del discípulo es escuchar-obedecer al Padre que habla por Jesús, su Verbo. Para el discípulo, “escuchar al Padre” se convierte en:

• Aceptar estar con Jesús: vocación (Mc 3, 13; Hch 4, 13).
• Ir tras él: formación (Mt 4, 20; 8, 19; Lc 5, 11).
• Para conocer y hacer su camino: estilo de vida (Hch 9,2; 18, 26; 19, 23)
• Y ser su testigo: misión (Hch 1, 22; 4, 20; 5, 32).
b. La Palabra aceptada con corazón limpio: Lidia de Filipo (Hch 16, 14).
Lidia, sin ser judía adora al Dios de Israel, practica el judaísmo. Es hospitalaria y da testimonio de una fe sincera y su adhesión a Jesús, el Mesías anunciado por Pablo (Hch 16, 14). Ella y los suyos, al acoger en el corazón la Palabra, da inicio una nueva comunidad.
En la Biblia el corazón representa el centro de la persona donde se guardan como en una bodega los pensamientos, sentimientos, decisiones, recuerdos. El corazón es la sede de la inteligencia y de los afectos, que hacen posible la comprensión del sentido de las cosas y de los acontecimientos, es la sede de la voluntad gracias a la cual se toman decisiones, y la sede de la memoria que almacena “como un cofre” el recuerdo de las cosas valiosas, como la Ley (Dt 6, 6) y las acciones de Dios (Lc. 2, 50-51).
Dios actúa cuando hay disposición de la persona, cuando hay apertura para configurar la vida de acuerdo a su voluntad, sin dejarse dominar por la maldad y la idolatría (Ap 2, 20-25). Dios abre el corazón, cuando hay sinceridad, fe auténtica (1 Tim 1, 5), conciencia pura (Heb 10, 22). Por lo tanto, cuando la Palabra de Dios es acogida por un corazón limpio, es escuchada y obedecida.

c.  La Palabra comprendida: Felipe y el etíope (Hch 8, 28).
La catequesis de Felipe está alentada por el Espíritu del Señor quien lo pone ante la persona escogida por Dios para anunciarle la Buena Nueva. La palabra de Felipe explica claramente el misterio del Mesías contenido en el pasaje del profeta Isaías; con ello nos enseña:
 Que comprender un texto bíblico es dar razón de los significados de los términos y del sentido de los acontecimientos, de acuerdo a la mentalidad del autor que escribió y del querer de Dios que nos revela su misterio (DV 12).

 Que para conducir a la fe en Jesús, en cuanto Mesías e Hijo de Dios, es necesario explicar el texto para provocar el encuentro  con Jesús Palabra de Dios.

 Que el encuentro con la Palabra se completa con la celebración del sacramento del bautismo que ilumina el corazón.
Veamos nuestra realidad:
Cuando nos decidimos a visitar a un familiar que vive lejos de nuestro hogar, nos ponemos en camino con un corazón dispuesto para el encuentro; y cuando por fin estamos ante ese ser querido entablamos una comunicación: lo escuchamos haciendo un alto en el camino; aceptamos, creemos lo que nos comunica con un corazón limpio y en diálogo fraterno tratamos de comprender las experiencias que hemos vivido desde nuestro último encuentro.
Con mayor razón estas actitudes se deben de agudizar en nosotros al encontrarnos con la Palabra viva de Dios, y aún más, necesitamos provocar y favorecer el encuentro si en verdad creemos que la Palabra de Dios es quien nos da vida, ¡Dios ya salió a nuestro encuentro!

En nuestra Diócesis, al estar elaborando el Plan diocesano, se ha constatado que hay participación de los laicos en muchos ministerios pero éste compromiso no se refleja en la vivencia de los valores cristianos en el mundo familiar, social, político y económico; sino que, muchas veces, se limita a las tareas dentro de la Iglesia, sin un compromiso real que transparente la vivencia del Evangelio en la vida diaria.

Para dar vida a nuestra Iglesia y ser coherentes con lo que creemos y vivimos es necesario y vital encontrarnos con la Palabra con las actitudes que hemos reflexionado y así amar la Palabra, leerla, meditarla y orarla; sólo así tendremos una identidad propia y podremos decir como el salmista “Tú Palabra es antorcha para mis pasos y luz para mis caminos… la explicación de tu Palabra es luz que ilumina y proporciona instrucción a los sencillos” (Sal 119, 105.130).

 

  Celebramos nuestra Fe.

• Se prepara el ambiente con música instrumental.
• Se les entrega una imagen de una Biblia abierta con las preguntas: ¿Qué tiempo vas a dedicar para encontrarte con la Palabra? ¿Con que libro vas a iniciar? ¿Cómo vas a evaluar éste nuevo camino en tu vida? Y se les pide que las contesten.
• Quién vaya haciendo su compromiso pasa a encender su luz en las velas que custodian la Biblia entronizada.
• Cuando todos tengan su vela encendida, se les pide que se pongan de pie y pausadamente reciten la siguiente oración:

Dirígenos a la luz de tu Palabra, por el camino de la justicia, el amor
y la fidelidad a Dios dentro de la Iglesia. Que tu Palabra, Señor, nos ayude a entender el sentido de la vida que vivimos.
Que la Biblia nos ayude a entender mejor nuestra realidad
y la realidad que vivimos nos ayude a captar mejor el sentido de la Biblia.
Pero no permitas que manipulemos la Palabra,
haciéndote decir lo que tú no quieres decir, acomodándola a nuestros caprichos y a nuestras ideologías. Ayúdanos a crear en nuestras comunidades
ambientes de apertura y de diálogo fraterno sobre la Palabra
enséñanos a descubrir tu Palabra dentro de la historia de nuestra comunidad,
de nuestro pueblo y de nuestra Iglesia.
Gracias inmensas Señor, por el don de la Biblia.
(Agenda Bíblica 1999).

Bibliografía.

  www.iglesia.cl/especiales/mesbiblia
  Comisión Episcopal de Evangelización y Catequesis. “Etapa de
     Iniciación Cristiana I”, México, 2003.
  Documentos Vaticano II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid,
     1967.
  Instrumento Borrador del II Plan de Pastoral, Diócesis de Celaya,
      Gto., 2009.

Actualizado ( Viernes, 05 de Marzo de 2010 17:25 )
 

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