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Objetivo: Hacer surgir en los interlocutores el deseo y la necesidad de practicar una lectura orante de la Palabra de Dios en familia, para que ésta pueda manifestar y vivir el gran amor que Dios nos brinda.
Material
El título del tema en un papelógrafo.
Un letrero que diga: “Familia que reza unida, permanece unida”.
Una imagen de la Sagrada Familia sobre una mesa debidamente adornada.
Copias del canto.
Un cirio
Papeletas para todos.
Charola.
Bienvenida y ubicación
En este día agradecemos a Dios por la vida que nos concede, y por la nueva oportunidad que nos ofrece para encontrarnos con El. Así mismo damos la bienvenida a todos ustedes que nos acompañan hoy, y pedimos a Dios por las personas que por una u otra razón no han podido acompañarnos.
En el tema anterior, nuestro Señor Jesús nos invitó a disponer nuestro corazón y nuestra mente, para adentrarnos en una lectura orante de la Palabra de Dios, la cual se hará a través de un camino que tiene como inicio un texto bíblico, y como fin la comprensión del mensaje divino, la aceptación de corazón y el compromiso de construir el Reino de Dios.
Hoy el Señor nos invita a un nuevo encuentro con su Palabra, recordándonos que éste no debe llevarnos a una fe individualista, sino que, por el contrario, debe encaminarnos a conducir a más personas al encuentro con Dios, empezando, claro está, por las personas más cercanas a nosotros: LAFAMILIA.
Canto: “Tu palabra me da vida”
Tu palabra me da vida, confío en Ti, Señor.
Tu palabra es eterna, en ella esperaré.
Dichoso el que con vida intachable,
camina en la ley del Señor,
dichoso el que guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.
Postrada en el polvo está mi alma,
devuélvame la vida tu Palabra.
Mi alma está llena de tristeza,
consuélame, señor, con tus promesas.
Escogí el camino verdadero
y he tenido presente tus decretos.
Correré por el camino del señor,
cuando me hayas ensanchado el corazón.
(Salmo 118)
Oración
Señor de la Vida, abre nuestro corazón a Tu Palabra.
Queremos anunciar Tu Reino y construirlo con nuestras vidas.
Queremos ser testigos de Tu amor y Tu proyecto para todos.
Ayúdanos a escuchar Tu Palabra, a leer y rezar con la Biblia,
a contemplar la vida y la historia para descubrir
Tu propuesta y caminar hacia Ti.
Maestra de las cosas de Dios,
quien guardaba en Su corazón lo que vivía,
y meditaba en el silencio lo que iba descubriendo.
María, mujer sencilla, que no entendía todo
pero se animó a decir Sí a todo.
Ella nos enseña que para vivir la fe
hay que escuchar mucho, hay que escuchar siempre...
Tú, Señor, que mostraste a los discípulos la necesidad
del encuentro con Dios, única compañía que acompaña todo,
muéstranos cómo seguir Tus pasos.
Ayúdanos a buscar momentos para el diálogo con el Padre.
Enséñanos a percibir el aliento del Espíritu
que sopla en nuestras vidas.
Guíanos al encuentro con la Palabra que espera en la Biblia
para descubrir nuevos caminos y revelar la presencia de Dios
en la vida y en la historia que vivimos.
Danos hambre y sed de Tu Palabra, cimiento verdadero
donde asentar un proyecto de vida en la huella hacia el Reino.
Despierta en nosotros el gusto por la lectura cotidiana de la Biblia,
para aprender a escuchar, discernir y que estás cerca,
que pasas a nuestro lado, que caminas en nuestra historia
y nos llamas para ser tus testigos y anunciar que es posible
un mundo distinto, más fraterno, humano, justo y en paz. Amén.
Lectura de la Palabra y del Magisterio de la Iglesia
“Se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: ¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo? Él respondió: ¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.
Le replicaron: Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa? Él les dijo: "Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así” (Mt 19, 3-8).
“La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos. El amor de los esposos y la generación de los hijos establecen entre los miembros de una familia relaciones personales y responsabilidades primordiales” (CEC 2201).
“La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios. Es llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la caridad. La familia cristiana es evangelizadora y misionera” (CEC 2205).
Que nos dice la Iglesia
Para captar de manera clara y consciente la gran relación que existe entre la Palabra de Dios y la familia, hay que decir que el origen del matrimonio está en la Palabra de Dios (cf. Gen 2, 24). Y esto no sólo se refiere en el Antiguo Testamento, sino que Jesús mismo inscribió el matrimonio entre las instituciones de su Reino (cf. Mt 19, 4-8), dándole un estatuto sagrado.
Por tanto, en la celebración sacramental, el hombre y la mujer pronuncian una palabra profética de recíproca entrega: el ser “una carne”. Signo del misterio de la unión de Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32).
Y así mediante la fidelidad y la unidad de la vida de familia, los esposos son ante sus hijos los primeros anunciadores de la Palabra de Dios.
Como padres de familia hay que tener esto presente, a medida en que los vamos educando, nunca debemos olvidar que la Palabra de Dios nos guiará en esta gran tarea.
Por su parte, a los hijos toca participar activamente en la vida familiar, de ellos se espera actitudes de agradecimiento y de respeto. Todos los miembros son corresponsables en la creación de un ambiente que favorezca la unidad, el amor a la verdad, la capacidad de juzgar con criterio los sucesos y el ofrecimiento de respeto que se merecen las diferentes generaciones que conviven en un mismo hogar.
La Iglesia tiene conciencia ante sus fieles, de que su misión es apoyarles y ayudarles a vivir la oración en familia, la celebración doméstica de la Palabra, la lectura de la Biblia y otras formas de oración.
Por eso, la familia, en cuanto formadora de valores humanos y cristianos, es forjadora de personas conscientes y responsables de su misión. Ninguna otra institución puede cumplir, como la familia, esta tarea. Por su parte los esposos recordarán que la Palabra de Dios es un valioso apoyo, también en las dificultades de la vida conyugal y familiar.
A. La Familia nació en el corazón de Dios (Gn 2,18).
No fue Adán quien pensó primero en una esposa y en hijos. Fue Dios quien tomó la iniciativa. El matrimonio se originó en el interior de Dios; cuando un hogar se destruye es atentar contra los proyectos de Dios. Esta es la razón básica por la que Satanás ataca a la familia, porque odia los planes de Dios.
Dios creó una familia como solución del problema de soledad del hombre (Gn 2,18). Sin embargo, la familia actual en lugar de ser solución, tal parece que se ha convertido en generadora de múltiples problemas Los problemas más comunes en la familia son: La infidelidad conyugal, desamor, celos (entre conyugues, entre hijos), violencia física o verbal, las drogas, rebelión de los hijos, entre otros.
B. La experiencia de Jesús.
Jesús nació en el seno de una familia piadosa. De José, su padre adoptivo, se dice que era un hombre honrado (Mt 1, 19) y de su madre se hacen las mejores alabanzas (Lc 1, 28.42-45). Se trataba de una familia unida, que supo soportar la adversidad en silencio y con fe (Mt 1,19-20), que se mantuvo firme en la persecución (Mt 2, 13-21), y que siempre se comportó como gente piadosa y observante. (Lc 2, 21-24.41).
En una familia así, creció y se educó Jesús (Lc 2, 39-40.50-52), siempre bajo la autoridad de sus padres (Lc 2, 51). Criado y educado en este ambiente, Jesús durante su ministerio público, habla con frecuencia de la familia. Emplea comparaciones familiares para explicar su doctrina sobre el Reinado de Dios y la bondad asombrosa del Padre del cielo:
Dios es el padre que está siempre dispuesto a escuchar a sus hijos o a recibir y perdonar al hijo que se va de la casa y malgasta la fortuna (Lc 15, 20-32).
Jesús habla del Padre que envía a sus hijos al Trabajo (Mt 21, 28-31).
Dios es el padre de todos, y todos los hombres somos hermanos (Mt 23, 8-9).
Habla de las fiestas de bodas (Mt 22, 2-3).
Casi todas las situaciones familiares y las relaciones humanas que ellas implican, son asumidas por Jesús para explicar a sus oyentes el significado de su mensaje. En los Evangelios hay toda una serie de afirmaciones en las que Jesús defiende las relaciones de familia o asume tales relaciones como modelo de comportamiento para sus discípulos. Así, Jesús defiende la estabilidad del matrimonio al afirmar que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre (Mt 19, 4- 6; Mc 10, 6-9).
Jesús sabe que la familia es decisiva en la experiencia y en la vida de los hombres. Por eso, habla frecuentemente de las relaciones familiares como modelo para explicar lo que es Dios o el Reinado de Dios en el mundo. Y así, las relaciones del esposo, padre, madre, hijo, novio, hermano, aparecen repetidas veces en boca de Jesús cuando habla del reinado de Dios, de lo que es Dios para los hombres, de lo que éstos tienen que ser ante Dios, o de lo que todos debemos ser, los unos para con los otros.
La familia es fuente de vida y fuente de alegría por la vida que transmite. En ella está Dios. Es un espacio humano privilegiado donde nace, crece y se cultiva el amor. Y con el amor, la felicidad, la generosidad, la entrega de unas personas a otras, la responsabilidad ante las propias tareas y obligaciones, la piedad honda y sincera. Todo esto es, no sólo importante, sino incluso decisivo en la vida de los hombres. Y Jesús lo sabe, lo reconoce y con frecuencia habla de ello.
Lograr esta tarea requiere que en los hogares se cultive la experiencia del amor, la generosidad del corazón y el espíritu de sacrificio. Se requiere que los padres no renuncien a su labor de educadores, orientando, corrigiendo oportunamente, acompañando a los hijos con una presencia respetuosa, pero decidida y estimulante.
C. La Iglesia está al servicio de la familia
Como ya se dijo, la Iglesia al recibir el mandato de Jesucristo, tiene la iniciativa de no dejar caminar solos a todos los que se encuentran en su seno; sino que a la luz de la Palabra de Dios, ha tenido a bien proporcionarnos algunos documentos que nos ayuden a aplicar la Palabra de Dios en nuestra vida, y en este caso en nuestra familia.
Uno de estos documentos es la encíclica: “FAMILIARIS CONSORTIO” que nos dejó el Papa Juan Pablo II.
“La Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente; a todo aquel que, en medio de la incertidumbre o de la ansiedad, busca la verdad y a todo aquel que se ve injustamente impedido para vivir con libertad el propio proyecto familiar.
Sosteniendo a los primeros, iluminando a los segundos y ayudando a los demás, la Iglesia ofrece su servicio a todo hombre preocupado por los destinos del matrimonio y de la familia” (n. 1).
a) La evangelización de la familia, se hará a través de la Palabra de Dios, y a su vez ésta le ayudará a enfrentar todos los problemas graves con los que actualmente se enfrenta.
“La Iglesia está íntimamente convencida de que sólo con la aceptación del Evangelio se realiza de manera plena toda esperanza puesta legítimamente en el matrimonio y en la familia” (n. 3).
b) Discernimiento Evangélico. Habrá que estar atentos a la llamada que hace la Iglesia a través de este documento, a hacer un buen discernimiento evangélico, basado principalmente en la Palabra de Dios, el cual nos llevará a un vivir auténtico dentro de la familia.
Los seglares, por razón de su vocación particular, tienen el cometido específico de interpretar a la luz de Cristo la historia de este mundo, en cuanto que están llamados a iluminar y ordenar todas las realidades temporales según el designio de Dios Creador y Redentor.
Para hacer un auténtico discernimiento evangélico en las diversas situaciones y culturas en que el hombre y la mujer viven su matrimonio y su vida familiar, los esposos y padres cristianos pueden y deben ofrecer su propia e insustituible contribución. A este cometido les habilita su carisma y don propio, el don del sacramento del matrimonio.
Veamos nuestra realidad:
Constatamos con alegría la presencia de grandes valores en muchas de nuestras familias; sin embargo, también descubrimos muchos elementos que están en contradicción con el proyecto de Dios sobre esta “Iglesia doméstica”.
No podemos cerrar los ojos y el corazón ante realidades que están minando los cimientos de esta “célula básica de la sociedad”. Hagamos referencia sólo a las que parecen ser más importantes y de las cuales se derivan muchas consecuencias negativas.
a) La influencia negativa de los medios de comunicación.
Los modernos medios de comunicación son portadores de grandes potencialidades de desarrollo, de oportunidades de legítimo esparcimiento y de progreso cultural. Lamentablemente en muchos casos son responsables de difundir antivalores, como son los mensajes de violencia, de indiferentismo religioso y de consumismo. Distorsionan la realidad propiciando la creación de paraísos artificiales que son captados, especialmente por los jóvenes, como si fueran retrato de la vida real. En un mundo de fantasía donde todo se consigue al margen de la verdad y del respeto a los demás, la vivencia de la obediencia a la ley, de una existencia austera y sacrificada, se presentan como imposibles y despreciables. Los jóvenes buscan evadirse de la vida cotidiana a través de la drogadicción, del alcoholismo, de la pornografía y de otras degradaciones que están causando profundos daños en la sociedad.
b) La primacía del tener sobre el ser.
La ambición desenfrenada por el lucro y el placer está afectando los hogares, propiciando relaciones de competencia y de egoísmo que destruyen el noble y sagrado vínculo del amor. Sin la experiencia de un clima de entrega desinteresada y gratuita se pierde el sentido de la vida y se incapacita a las familias a construir relaciones de oblación, que son la fuente de la más profunda satisfacción y de crecimiento humano y espiritual. La mentalidad individualista no permite construir ambientes de comunión; por eso se destruyen los compromisos más sagrados y se ahogan los ideales de solidaridad y de servicio.
Cuánto necesita la sociedad de familias forjadoras de personas honestas, solidarias, laboriosas, con sentido de pertenencia a una comunidad y con disponibilidad para aportar lo mejor de sí al bien común.
c) La ausencia del sentido religioso.
En muchas familias existe una muy debilitada formación cristiana de los padres, lo cual repercute en una preocupante ausencia de Dios en el hogar. Sin la presencia atractiva e iluminadora de la Persona de Jesús, se producen conductas deshonestas e inmorales. Baste hacer mención de la multiplicación de divorcios, de parejas que viven en unión libre, de agresiones verbales y físicas, de infidelidades conyugales, de la desobediencia de los jóvenes y adolescentes a sus padres.
La eliminación de Dios y de su ley quita las certezas que dan fortaleza en los momentos difíciles, que educan el corazón para la entrega definitiva y fundamentan el ejercicio de una libertad con sentido de responsabilidad.
Ante esta preocupante descripción de la situación de las familias, se debe rescatar esta escuela “FORMADORA DE VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS”, ayudándola a recuperar la dignidad que le corresponde, según el proyecto de Dios. La tarea nos corresponde a todos.
Celebramos nuestra Fe.
La Cuaresma nos conduce por un camino de conversión exigente que nos lleva al triunfo pascual. Por eso, la laboriosa y sacrificada construcción de la familia se logra asumiendo y viviendo la Palabra de Dios en la vida diaria.
Es imposible crecer en la fe sin aceptar un proceso continuo de conversión a Dios. Se requiere el testimonio, la oración en familia, la frecuencia de sacramentos, la educación para el sentido responsable de la sexualidad y la disponibilidad para vivir la libertad en actitud de servicio, según el ejemplo que nos dejó Jesús.
Para finalizar se les pide a los participantes que hagan un círculo:
• Se distribuye una papeleta a los participantes y se les invita a que escriban el nombre de cada uno de los que forman su familia.
• Se les pide que escriban en ella la situación más dolorosa de la familia y que desean erradicar, con la ayuda de Dios.
• Después de un momento de reflexión escribirán qué acción concreta pueden realizar para colaborar en la solución de este problema.
• Enseguida se enciende el cirio, y se coloca la charola a un lado, mientras se entona el canto inicial.
• Pasan a depositar las papeletas en el recipiente. Y se queman.
• En este momento se guarda silencio rogando a Dios escuche su voz y atienda lo que cada uno ha pedido.
Para finalizar hagamos juntos la siguiente oración:
Sagrada Familia de Nazaret;
enséñanos el recogimiento,
la interioridad;
danos la disposición de
escuchar las buenas inspiraciones y las palabras
de los verdaderos maestros.
Enséñanos la necesidad
del trabajo de reparación, del estudio,
de la vida interior personal,
de la oración,
que sólo Dios ve en los secreto;
enséñanos lo que es la familia,
su comunión de amor,
su belleza simple y austera,
su carácter sagrado e inviolable. Amén.
Bibliografía
Rabago José Guadalupe Arz. de León, Mensaje de cuaresma 2008.
Arizmendi Esquivel Felipe, Obispo de San Cristóbal de las Casas, Mensaje 2007.
De Villegas Alonso, Conferencia en la Universidad de Zaragoza, 1997.
Juan Pablo II, Familiaris Consortio, Exhortación Apostólica, Roma 22 de noviembre 1981. |