¿Por qué voy a Misa? PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Redacción   
Viernes, 09 de Mayo de 2008 22:30
Los inasistentes que ya no van a misa ni por equivocación. Los “fiesteros” que van sólo cuando hay “fiesta”. Los “sentimentales” que van sólo cuando les “nace”. Los “cumplidores” que van sólo por “obligación”. Los “miedosos” que van para no enojar a Dios. Los “chantajeados”, que van porque si no, se enojan sus papás. Los “espectadores” que va a ver los que otros hacen. Los “turistas” que ni se enteran de lo que sucede pues se la pasan viendo el techo, los vitrales, las imágenes. Los “visitantes del ratito”, que dicen que ya que Dios hace ¡tanto! por ellos, es justo visitarlo un “ratito” a la semana. Los acostumbrados que ciertamente van a misa pero han caído en la rutina. Y tú, ¿por qué vas a misa? + Lázaro Pérez Jiménez Obispo de Celaya Al iniciar la Cuaresma, la Iglesia nos ha invitado a la conversión, es decir, a responder a la gracia por la que cada uno se deja transformar desde el corazón y se decide a un cambio de vida que responda más al estilo de vida de un auténtico discípulo de Jesucristo. Las penitencias, propias de este tiempo, ayudan a abandonar aquellas actitudes pecaminosas que nos han apartado de Dios y a iniciar el nuevo camino que nos conduce a la participación de la Pascua de Cristo que garantiza plena felicidad. La fiesta de la Pascua es una constante oportunidad para, unidos al Señor, dar el paso de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida y del pecado a la gracia, del egoísmo a la generosidad. La gracia de la conversión exige de nuestra parte una lucha para superar los obstáculos que impiden este proceso de conversión. Ahora podemos entender la razón por la que el primer domingo de este tiempo de gracia, que es la Cuaresma, inicia con el evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto; meditándolas bien, nos percatamos que Jesús tuvo que superar a lo largo de su ministerio muchas tentaciones que el diablo le ponía en el camino para desviar su atención y cumplir ciertamente su misión salvadora pero por caminos diferentes a los trazados por su Padre. Mientras que en el plan de Dios la salvación implicaría entrega hasta la muerte por amor a sus hermanos, Satanás le proponía otro más fácil centrado en la fuerza y en el poder; pero Jesús superó la tentación y optó por ser fiel a su Padre hasta el final. Nosotros vivimos rodeados de tentaciones y cada uno está llamado a identificarlas y a luchar contra ellas. Recientemente nos enteramos de una encuesta que afirma que la participación de los católicos mexicanos en la Eucaristía dominical va descendiendo poco a poco. Pero llama la atención la contradicción que se da ya que todavía un alto porcentaje de los ciudadanos se declara católico que recurren a los templos para solicitar los servicios más comunes como son el Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión de los hijos, olvidando el deber de participar en la Eucaristía dominical que da sentido a la vida del creyente. Sin la Eucaristía, resulta casi imposible vivir la voluntad de Dios. Sin la Eucaristía, la vida no tiene sentido. En esta Cuaresma tenemos la oportunidad de reflexionar las razones de nuestra escasa presencia en la misa dominical. También podríamos preguntarnos sobre los motivos verdaderos por los que eventualmente asistimos al encuentro con Jesús resucitado que nos invita a su mesa. Para esto, me voy a permitir transcribir una interesante página de Alejandra María Sosa autora del libro titulado “Ir a misa, ¿para qué?” y que se los recomiendo en especial a los que dicen ya no encontrarle sentido a la Eucaristía. En el prólogo la autora afirma que en los cursos impartido a fieles sobre el tema de la Eucaristía ha descubierto el variado menú de católicos que identifica del modo siguiente: 1.- Los inasistentes que ya no van a misa ni por equivocación. Este grupo se divide en alejados, indiferentes, enojados, decepcionados y desinformados, cada uno de los cuales tiene distintas aunque parecidas razones para no asistir. 2..- Los “fiesteros” que van sólo cuando hay “fiesta” (Bautismo, boda, quince años, aniversario de algo, etc.) 3.- Los “sentimentales” que van sólo cuando les “nace”. 4.- Los “cumplidores” que van sólo por “obligación”. 5.- Los “miedosos” que van para no enojar a Dios, no sea que si faltan Dios se desquite. 6.- Los “chantajeados”, que van porque si no, se enojan sus papás, la esposa o la novia. 7.- Los “espectadores” que va a ver los que otros hacen y exigen que la “función” sea buena: que el padrecito predique bien y que el coro cante bonito y, por supuesto, que la misa termine pronto. 8.- Los “turistas” que ni se enteran de lo que sucede pues se la pasan viendo el techo, los vitrales, las imágenes, el piso, a los que llegan tarde, a los que pasan. 9.-. Los “visitantes del ratito”, que dicen que ya que Dios hace ¡tanto! por ellos, es justo visitarlo un “ratito” a la semana. 10.- Los acostumbrados que ciertamente van a misa pero han caído en la rutina. 11.- Los “piadosos despistados” que se la pasan rezando el rosario, haciendo novenas u otra devoción privada, pero no saben a qué van. 12.- Los que participan con gusto y están dispuestos a profundizar en este Sacramento para vivirlo mejor. ¿ A cuál de estos grupos perteneces tú? Hazte la pregunta y analiza si Satanás te ha hecho caer en la tentación de olvidar la grandeza del sacramento en el que Jesús ha querido permanecer como alimento para la vida eterna: aprovecha la Cuaresma para cambiar tu actitud en relación a la Eucaristía.
 

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